martes, 14 de marzo de 2017

Influencers, youtubers, bloggers y otros inventos del diablo

Porque a ver, ¿qué son sino inventos?

Hace dos noches se me quedó la palabra “influencer” colgada en la mente como si fuera un disco rayado. Bueno, no voy a mentir, se me quedó asociada a una imagen –cualquiera cogida al azar- de un tal Aless Gibaja al que definían como tal. No sabría describir la sensación que me produjo pensar que alguien así puede “influir” en cualquier modo posible a un colectivo de personas. Tampoco puedo expresar con palabras lo que yo llego a pensar de un colectivo que se deja influenciar por semejante espécimen. Ojo que no tengo intención de faltarle ni a él ni a nadie, pero a mis ojos, este y otros elementos televisivos que se autodefinen como influencers y youtubers están mas para que les estudien en un laboratorio que para andar por ahí alardeando de sus tristes méritos.

Cada vez estoy mas convencida de que la tecnología nos está idiotizando. “Estupidizando” me atrevería a decir si la palabra existiera.  Y la televisión y sus guerras de audiencia están haciendo un daño difícil de valorar a un buen montón de gente, sobre todo joven, que engulle todo tipo de basura audiovisual sin tener la capacidad de discernir entre lo que es válido y lo que es ridículo.

Ya ya, ya se que son cosas que dependen de la opinión de cada uno, que lo que a mi me parece ridículo a lo mejor para otros es pura filosofía y bla bla bla…. ¡Na qué va! ¡¡Es ridículo hombre!! Vamos a ver, ¿De verdad alguien va a decirme que el tal Aless o cualquiera que se le parezca representa un ejemplo válido de algo que queramos que nuestros hijos imiten? ¡Será cachondeo, no?! (Claro que si, guapi!)
¡O mejor aún esos Youtubers del demonio, que buscan la fama humillando y ridiculizando a quienes tienen la mala fortuna de cruzarse en su camino en un día inspirado! Esto como poco da vergüenza y como mucho, ganas de ahostiarlos ( no, tampoco existe la palabrita, pero que sepáis que sale a 30 euros la leche ).

A pesar de mi resistencia a tales sentimientos, la verdad es que cuando les veo en la televisión se me tuerce la boca del puro repelús que me dan ellos, sus actos, sus chorradas y el hecho de que haya quien les siga. Y luego como madre, una hace equilibrismos entre el alejar a su hija lo más posible de toda esta marea negra - para que pueda tener un cerebro- o el permitirle un discreto acercamiento para no convertirla en una analfabeta tecnológica del siglo XXI ( como su madre). Y en eso estamos, librando una lucha contra todo lo que nos rodea para intentar evitar que en un par de generaciones estemos otra vez encendiendo el fuego a pedradas.
Y por supuesto luego están los bloggers ( si, ya se que estoy escribiendo en un blog, uno con diez seguidores señores….). Tremenda nueva profesión de chiste consistente en hablar de pijadas prescindibles vestida de Armani ( previo pago, claro) y colgar “selfies” -con morritos- en el “photocall” de no sé dónde haciendo no sé qué. Y todos enloquecidos…. Y yo aquí escribiendo en pijama, ¡qué desubicada!

Yo es que no se: o la gente tiene mucho tiempo para seguir a todos estos individuos o es que no hacen otra cosa en su tiempo libre. A mi la verdad es que no me dan ni las horas ni las neuronas para estar soportando a todos estos Pepitos Grillo de la decadencia con sus bobadas estériles y sus consejos de pacotilla. Respeto muchísimo a quién se toma la molestia de colgar en internet un video sobre cosas útiles y necesarias, pero a todo este tropel de chupópteros de la ignorancia no quiero ni verles delante.

Es innegable que son tiempos duros para la inteligencia, para el desarrollo y el intelecto. Todos estos personajes y ocupaciones son, para mi, consecuencia de unas deficiencias educativas monumentales de quienes les siguen “allá donde vayan”.  Incluso podría escribir “hallá donde ballan” y yo creo que muchos no notarían nada raro. En ese mundo estamos viviendo, por desgracia.

A quienes somos conscientes de esto sólo nos queda una cosa: Evitar que nuestros hijos entren en ese mismo círculo. Menos tele, mas libros, mas museos, mas actividades al aire libre, mas viajar. Dejar de alimentar al dragón quitándole adeptos y seguidores, a ver si se consume del aburrimiento. Todo parece indicar lo contrario, que esto irá a mas, pero soy positiva y pienso que, si realmente lo intentamos, podremos revertir la tendencia y devolverle al mundo la sensatez perdida.


Por cierto lo que son las cosas, que encuentres definición para youtuber, influencer y blogger, y sin embargo ahostiar y estupidizar no existan. Así nos va, my darling….

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